La contaminación agrícola que Europa pone en la mira vuelve a encender alertas en Argentina: el glifosato y sus efectos ambientales y sociales bajo escrutinio
Contaminacion agricola en Europa
INTERNACIONAL
2/6/2026


Un reciente estudio internacional coordinado por la Universidad de Vigo, el Joint Research Centre de la Unión Europea y la Universidad de Zúrich reveló un dato alarmante: gran parte del suelo europeo muestra presencia significativa de residuos de pesticidas como el glifosato, el herbicida más usado en el mundo que se aplica masivamente también en Argentina. Esta contaminación está afectando no solo la salud de los ecosistemas, sino también la viabilidad de suelos agrícolas y la calidad de las aguas subterráneas y superficiales.
Desde una perspectiva crítica y con foco en las implicancias sociales de estas prácticas, organizaciones ambientalistas europeas y parte de la comunidad científica sostienen que la persistencia de este químico en los suelos es un síntoma de un modelo productivo insostenible. Estudios publicados en suelo europeo encuentran que pesticidas como el glifosato y su producto de degradación AMPA están presentes en más del 80 % de las muestras analizadas y perjudican organismos fundamentales para la salud del suelo, como hongos, lombrices y microorganismos que sostienen la fertilidad natural.
Argentina se inserta en este debate global como uno de los principales usuarios de glifosato, ligado al modelo extensivo de producción agrícola dominado por cultivos transgénicos resistentes a herbicidas. Investigaciones científicas en las Pampas ya advierten que este químico y su metabolito son “contaminantes pseudo-persistentes” que se acumulan en suelos en dosis que exceden su ritmo de degradación, lo que sugiere un impacto ambiental acumulativo difícil de revertir sin cambios estructurales en las prácticas agrícolas.
Para comunidades rurales y organizaciones sociales, estos hallazgos no son abstractos: denuncian desde hace años casos de contaminación de arroyos y napas de agua con niveles de glifosato que superan los límites aceptables, afectando la salud y la vida cotidiana de pobladores. En Entre Ríos, por ejemplo, investigaciones detectaron concentraciones de glifosato en sedimentos de arroyos que se consideran las más altas registradas en Sudamérica, lo que plantea interrogantes sobre la seguridad alimentaria y el derecho a un ambiente sano.
La polémica también traspasa fronteras científicas y jurídicas. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) —parte de la Organización Mundial de la Salud— ha clasificado al glifosato como probablemente carcinógeno, un criterio que ha generado resistencia desde los sectores vinculados a la agroindustria y que alimenta la discusión pública sobre la regulación de su uso y alternativas productivas más sostenibles.
Mientras en Europa algunos países intentan limitar o discutir la renovación de permisos de uso —y existen movimientos que abogan por prohibiciones totales—, en Argentina el debate se intensifica ante la falta de políticas públicas que promuevan transiciones hacia modelos de producción agroecológicos que prioricen la salud de los suelos, las personas y los territorios.
Desde una mirada de centro-izquierda, este escenario no solo es un desafío científico, sino también político y social: pone en cuestión el modelo agroexportador dominante y exige políticas integrales que reconozcan la interdependencia entre la salud humana, la justicia ambiental y la soberanía alimentaria en el siglo XXI.
La contaminación agrícola que Europa pone en la mira vuelve a encender alertas en Argentina: el glifosato y sus efectos ambientales y sociales bajo escrutinio
Estudios científicos en Europa vuelven a encender alertas sobre el impacto del herbicida más utilizado del mundo, mientras en Argentina crecen las advertencias por sus efectos ambientales, sanitarios y el modelo productivo que lo sostiene.